FEDERICO GARCÍA LORCA: POESÍA, MÚSICA Y DUENDE

Maite Herrera

Antonio Huertas

Alfredo Márquez

José Gregorio Trujillo

 

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PRESENTACIÓN

 

 

Señoras y señores:

70 años hizo el mes de agosto pasado que... ¡bueno! que no practico esto de hablar en público. Recuerdo que dar conferencias y hacer lecturas públicas de mis poesías era algo que me encantaba. Aunque me preocupaba que “penetrara en la sala el terrible moscardón del aburrimiento que abre el camino del sueño feo de los bostezos”.

En aquellas conferencias pude hablar de todo, de lo humano y también de lo divino. Hablé de don Luis de Góngora; me atreví a conferenciar sobre la pintura cubista y surrealista (ensalzando, por supuesto, la pintura onírica de mi amigo Salvador Dalí, pero también los jeroglíficos de Miró -que yo siempre quise imitar- y al maestro de todos, Pablo Picasso); hablé sobre la poesía e hice presentaciones de mis libros, con lectura de poemas, sobre todo de Poeta en Nueva York y Romancero Gitano: ¡cómo aplaudía el público!, y ¡cómo me gustaba recitar mi Romance  sonámbulo:  Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / Y el caballo en la montaña.), , y temblaba de emoción al oír a mi gran amiga, la actriz Mararita Xirgu, declamar el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías!.

 

 

 

 

 

 

LLANTO POR LA MUERTE DE IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS

 

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

 Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

 Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

 Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

 Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

 

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

    A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde.

 Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

 y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

 ¡Ay qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

 

 

 

 

LORCA Y LA MÚSICA POPULAR

 

Pero, ¿sabéis?, el tema sobre el que yo hablaba con mas cuidado, con más amor era la música: las canciones populares, las nanas, las de juegos infantiles, sobre el cante jondo o sobre mi genial amigo Manuel de Falla.

Vicenta, mi amada madre, me empujó amorosamente hacia la música. Desde chico en la Vega de Grana', en Fuente Vaqueros o en Valderubio, a mi alrededor sólo había música. El gramófono de mi madre que sonaba a todas horas; mi abuelo Baldomero que tocaba la bandurria y la guitarra; Federico, un familiar de mi padre (que también se llamaba Federico), tocó la bandurria en el conocido Café de Chinitas de Málaga; mi graciosa prima Aurelia cantaba suaves habaneras, a las que ella misma se acompañaba maravillosamente a la guitarra; y Carmen, mi ama de cría, me amamantaba al ritmo de nanas del pueblo:

 

 

 

 

 

 

A LA NANA, NIÑO MÍO

 

         

A la nana, niño mío

a la nanita y haremos

en el campo una chocita

y en ella nos meteremos”

       En tantos viajes por España, cansado a veces de piedras muertas, he buscado elementos vivos del carácter del pueblo. De todos, “yo he seguido dos: las canciones ... y los dulces”. Antes de visitar la Alhambra, por ejemplo, es conveniente saborear el turrón, el alfajor o las tortas de alajú para percibir la temperatura auténtica del lugar cuando estaba habitado por los árabes. Y la línea histórica y geográfica de un lugar ¿quién la va a definir mejor que un romance o una nana que lleven su propia melodía?

       En mi juventud, por casualidad, oí cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su hijo: ¡hasta entonces no había notado la tristeza de las canciones de cuna españolas! Solían ser melodías de aguda tristeza las que mecían los primeros sueños de los niños:

 

 

 

 

 

 

NANA DE SEVILLA

 

         

Este galapaguito

no tiene mare;

lo parió una gitana,

lo echó a la calle.

No tiene mare, sí;

no tiene mare, no:

no tiene mare,

lo echó a la calle.

Este niño chiquito

no tiene cuna;

su padre es carpintero

y le hará una.

         Y yo, un niño rico mandón, que tuve la suerte de oír y recordar aquellas canciones y aquellas nanas, las he hecho aparecer, para que no se olviden, no sólo en las conferencias que he realizado por España y por América, sino en mi poesía y en mis obras de teatro. Como la nana que recita Yerma a ese hijo que ansía apasionadamente:

 

 

 

 

 

 

YERMA

 

         

Te dirá, niño mío, que sí.

Tronchada y rota soy para ti.

¡Cómo me duele esta cintura

donde tendrás primera cuna!

¿Cuando, mi niño, vas a venir?

“¡Cuando tu carne huela a jazmín!”

O la nana popular a dos voces, anunciando tragedia, que la suegra de Leonardo y su mujer cantan en el acto I de Bodas de Sangre.

 

 

 

 

 

BODAS DE SANGRE

 

Suegra:

Nana, niño, nana

del caballo grande

que no quiso el agua.

El agua era negra

dentro de las ramas.

Cuando llega el puente

 

se detiene y canta.

¿Quién dirá, mi niño,

lo que tiene el agua

con su larga cola

por su verde sala?

 

Mujer: (Bajo)

Duérmete, clavel,

que el caballo no quiere beber.

                                               

 

Suegra:                    

Duérmete, rosal,

que el caballo se pone a llorar.

Las patas heridas,

las crines heladas,

dentro de los ojos

un puñal de plata.

Bajaban al río.

¡Ay, cómo bajaban!

La sangre corría

más fuerte que el agua.

 

Mujer:

No quiso tocar

la orilla mojada,

su belfo caliente

con moscas de plata.

A los montes duros

solo relinchaba

con el río muerto

sobre la garganta.

¡Ay caballo grande

que no quiso el agua!

¡Ay dolor de nieve,

caballo del alba!

 

Suegra:

¡No vengas! Detente,

cierra la ventana

con rama de sueños

y sueño de ramas.[...]

 

Mujer: (Mirando)

Mi niño se duerme.

 

Suegra:

Mi niño descansa.

 

Mujer: (Bajito)

Duérmete, clavel,

que el caballo no quiere beber.

 

Mujer: (Levantándose, y muy bajito)

Duérmete, rosal.

que el caballo se pone a llorar.

 

 

 

 

 

 

 

LORCA MÚSICO

 

Y yo, ¿por qué no he sido músico? Digo, músico de profesión: componer narraciones o, mejor, sensaciones e impresiones en papel pautado; o interpretar las maravillosas composiciones de Mozart, de Brahms o de mi admiradísimo Falla.

Desde pequeño me gustaba sacar sonidos a la guitarra, mi tía Isabel me inició en el cante en Fuente Vaqueros y con mi muy añorado maestro don Antonio Segura Mesa estudié armonía y piano. Él me inició en la ciencia del folclore y me ayudó a que mi afición por el teclado no significase un suplicio para mis oyentes. 

El afán de mis padres para que me preparase para una profesión útil me hizo resignarme e ingresé en la Universidad de Granada: “¡Aquella decadente universidad!”. Ustedes perdonen mi sinceridad, pero sólo dos profesores dejaron fecunda huella y grato recuerdo en mí. Eran el profesor de Derecho Político Comparado, D. Fernando de los Ríos, y el de Teoría de la Literatura y las Artes, D. Martín Domínguez Berrueta. Ambos herederos de la Institución Libre de Enseñanza.

Mi madre, como todas, acusaba a los amigos de distraerme de mis obligaciones. La verdad es que mi interés seguía en la música a pesar de que a partir de ese año de 1916 mi buen maestro don Antonio Segura dejó de alimentar mi arte: murió prematuramente.

A los pocos días de su muerte, nuestro profesor don Martín Domínguez organizó una excursión a Baeza: ¡conocí a don Antonio Machado! En el instituto en el que enseñaba francés nos leyó poemas de su libro Campos de Castilla y otros de su amigo Rubén Darío. Yo toqué al piano algunas piezas populares y otras compuestas por mí.

Mucho más que a la universidad debo mi formación de aquellos años a mis amigos de la Tertulia del “Rinconcillo”: Melchor Fernández Almagro, José Fernández-Montesinos, Paquito Soriano,... hasta dieciesiete éramos, entre los que estaban dos amigos giennnenses, el pintor Manuel Ángeles Ortiz y el guitarrista de Linares Andrés Segovia.

 

 

 

 

 

LORCA EN MADRID

 

Aquellos días, como cuenta mi hermano Paco, “era un llenar cuartillas sin cuento”, sobre todo de madrugada. En ellas ponía mi alma y mi carne, mi rebeldía religiosa y mis angustias sexuales de joven.

En 1919 se cumplió uno de mis sueños: mis adorados padres me permitieron marchar a Madrid con la condición, claro, de matricularme en la Universidad. Allí pude leer mis poemas en la Residencia de Estudiantes, conocí a Eduardo Marquina, Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia fueron muy amables conmigo, trabé amistad con el director y autor teatral Gregorio Martínez Sierra. Él fue quien me insistió para que convirtiese en obra dramática un poema sobre mariposas y curianas: el estreno de El maleficio de la mariposa fue el mayor bochorno que he pasado en mi vida. Tal, que siempre digo que mi verdadera primera obra teatral es Mariana Pineda.

 

 

 

 

 

MARIANA PINEDA

 

¡Oh! Qué día tan triste en Granada,

que a las piedras hacía llorar

al ver que Marianita se muere

en cadalso por no declarar.

Marianita, sentada en su cuarto,

no paraba de considerar:

«Si Pedrosa me viera bordando

la bandera de la Libertad».

                           

      (Mas lejos)            

¡Oh, qué día tan triste en Granada,

las campanas doblar y doblar!

Como lirio cortaron el lirio,

como rosa cortaron la flor,

como lirio cortaron el lirio,

mas hermosa su alma quedó.

                           

      (Más lejos)

¡Oh, qué día tan triste en Granada,

que a las piedras hacía llorar!

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

 

Por aquellos inicios del siglo XX, Madrid era un centro de inquietud artística y científica. Comencé una duradera amistad con el filólogo Amado Alonso, con los poetas Gerado Diego y  Pedro Salinas, con Guilllermo de Torre, ... y era sólo el principio.

Desde aquella primera visita a la Residencia de Estudiantes, mi ilusión era contar con un cuarto en aquel fantástico espacio donde vivían los jóvenes más prometedores del arte y la ciencia en España. Primero entablé amistad con Pepín Bello y con Luis Buñuel, que sería enorme director de cine. Y más tarde con Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Margarita Xirgu, ... con mi amado Salvador Dalí (“el pintor más puro de todos los que había”). ¡Aaay! (SUSPIRA)

¡Pero volvamos a la música! ¡Cuando hablo de música mi cabeza y mi corazón marchan hacia don Manuel de Falla!

Yo busqué su amistad desde que se instaló en Granada. Él me acercó a los grandes músicos europeos, pero sobre todo él fue quien me llevó de forma más profunda al cante jondo, por el que el genial músico sentía fascinación. Juntos visitamos el Sacromonte y el Albaicín para oír cantar y tocar a los gitanos, acompañamos a don Ramón Menéndez Pidal en uno de sus viajes a nuestra tierra a recoger letras de canciones y romances populares por los pueblos cercanos a Granada y los barrios de la capital.

 

 

 

 

 

 

PRIMER CONCURSO DE CANTE JONDO

 

Quizá fue en el verano de 1920 cuando comenzamos a imaginar la necesidad de celebrar un concurso de cante jondo en Granada. ¡Podría ser una forma de salvar el cante: hacer que el mundo artístico español y extranjero fijara su atención en esta herencia musical única! Porque el cante jondo “es un rarísimo ejemplar de cante primitivo, de lo más viejo de Europa... 

Conseguimos el patrocinio del Centro Artístico y el apoyo del ayuntamiento. El I Concurso de Cante Jondo fue real en junio de 1922, durante  las celebraciones del Corpus. A mi hermana Isabelita se le quedó grabada la imagen de un niño que participó en las audiciones: Manolo Caracol; y a mí la conversación de don Manuel con Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Mi amigo Falla le comentaba que el verdadero cante grande eran las seguiriyas y ella le contestó: “Tiene usted razón, pero que las cante yo”.

Sabed que el cante jondo, “cuyo tipo genuino y perfecto es la seguiriya gitana”  no es lo mismo que el cante flamenco: diversos tipos de canciones como las malagueñas, las rondeñas, las granaínas, las tarantas. las peteneras,... son consecuencia de las otras.

Y, ¿cómo no?, este baño en las aguas de la música más genuinamente andaluza dio el alumbramiento de un hijo poético:  el “Poema del cante jondo”. Son poemas dedicados a la forma que, según yo siento, expresa más hondamente el quejío, la magia y el embrujo de Andalucía: sus cantes, sus paisajes y sus gentes.

El cartel cubista del Concurso representaba dos guitarras y las siete espadas del dolor. (BREVE PAUSA “PENSATIVO”). Aparte de la melodía, dos maravillas tiene el cante jondo: la guitarra y los poemas. La guitarra da la forma, marca el ritmo y, a veces, canta también y nace la falseta, el comentario del guitarrista.

 

 

 

 

 

 

 

LA GUITARRA

 

Empieza el llanto

de la guitarra.

 

Se rompen las copas

de la madrugada.

Empieza el llanto

de la guitarra.

Es inútil callarla.

Es imposible

callarla.

 

Llora monótona

como llora el agua,

 

como llora el viento

sobre la nevada

Es imposible

callarla.

 

Llora por cosas

lejanas.

Arena del Sur caliente

que pide camelias blancas.

Llora flecha sin blanco,

la tarde sin mañana,

y el primer pájaro muerto

sobre la rama.

 

¡Oh guitarra!

Corazón malherido

por cinco espadas

 

 

 

 

 

CANCIONES POPULARES

 

No sólo el cante jondo. Igual que las nanas, siempre me importó todo lo que contaba y que cantaba el pueblo. Mi gran amigo Manuel de Falla me educó en el respeto y la consideración más exacta de las canciones populares. Él decía que las canciones no hay que copiarlas en pentagramas, sino recogerlas en gramófonos para que no pierdan su belleza. Y es que “las canciones son delicadas criaturas a las que que hay que cuidar” para que no se alteren en nada. 

 

Son “como las personas. Viven, se perfeccionan y, algunas, degeneran, se deshacen”. Yo encontré, cuidé y grabé, acompañando al piano a la gran voz de La Argentinita, una serie de canciones del folclore español, como la canción navideña de Granada “Los cuatro muleros”, el romance de “Los pelegrinitos”, “El café de Chinitas”, “La Tarara”, el villancico de las “Tres morillas”, etc.

 

 

 

 

 

 

 

LOS PELEGRINITOS

 

Hacia Roma caminan

dos pelegrinos,

a que los case el Papa,

mamita,

porque son primos,

niña bonita,

porque son primos,

niña.

 

Sombrerito de hule

lleva el mozuelo,

y la peregrinita,

mamita,

de terciopelo,

niña bonita,

de terciopelo,

niña. [...]

 

Les ha preguntado el Papa

cómo se llaman.

El le dice que Pedro

mamita,

y ella que Ana,

niña bonita,

y ella que Ana,

niña.

 

Le ha preguntado el Papa

que qué edad tienen.

Ella dice que quince,

mamita,

y él diecisiete,

niña bonita,

y él diecisiete,

niña. [...]

 

Le ha preguntado el Papa

que si han pecado.

El le dice que un beso,

mamita,

que le había dado,

niña bonita,

que le había dado,

niña.

Y la peregrinita,

que es vergonzosa,

se le ha puesto la cara,

mamita,

como una rosa,

niña bonita,

como una rosa,

niña.

Y ha respondido el Papa

desde su cuarto:

¡Quién fuera pelegrino,

mamita,

para otro tanto,

niña bonita,

para otro tanto,

niña!

 

Las campanas de Roma

ya repicaron

porque los pelegrinos,

mamita,

ya se casaron,

niña bonita,

ya se casaron,

niña.

 

 

 

 

 

 

EL GRUPO DEL 27

 

Han pasado unos años, en España, y fundamentalmente en Madrid, florecía la inteligencia y el arte. Si entre los siglos XVI y XVII los Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope, Calderón formaron los “Siglos de Oro “ de la literatura española, en este primer tercio del siglo XX español se vivía cuanto menos la “Edad de plata”. Tal era la cantidad de músicos, de pintores, cineastas y, sobre todo de escritores, desde los más veteranos (como Machado o Unamuno) hasta los más jóvenes (como Alberti, Aleixandre, Luis Cernuda o yo mismo).

Dámaso Alono nos llamó la “Generación del 27”, pero también nos han denominado la “Generación de la República”. El caso es que en aquel ambiente, ¡y todos amigos!, siempre conocíamos y esperábamos los libros de los camaradas.

En mayo de 1928 mis padres, Federico y Vicenta, se impacientaban  por que no aparecía mi anunciado libro de romances. Además de otras cosas, yo atravesaba “una de las crisis más hondas de mi vida”: me di cuenta que eso “del fuego del amor, de que hablan los poetas eróticos,... es más fuerte de lo que yo sospechaba” y me dejó “lleno de desesperanza, sin ganas de nada...: es triste que los golpes que el poeta recibe, sean su semilla y su escala de luz.

Pero todo tiene su fruto y, a veces, no es tan amargo. Fue a finales de julio de 1928 cuando salió de la imprenta mi Primer Romancero Gitano.  Aquel libro tuvo un éxito arrollador, bárbaro. Yo sólo quería que España conociese la naturaleza exacta de Andalucía, por que “el libro, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía... Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve... donde no hay más que un solo personaje... que es la Pena que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles”. Yo no sé si los lectores lo comprendieron, pero nunca fue un libro de fiesta y jarana, sino profundo y trágico, en el que mis mitos preferidos como la luna, bailarina mortal, o el viento lujurioso y también mis metáforas ayudan a presentar temas universales, como el sexo y la muerte, dentro de atmósferas mágicas y simbólicas.

 

 

 

 

 

ROMANCE SONÁMBULO

 

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

 

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

 

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

 

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?

 

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

 

Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando

desde los puertos de Cabra.

 

Si yo pudiera, mocito,

este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

 

Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

 

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿ No veis la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

 

Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

 

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

 

Pero yo ya no soy yo.

Ni mi casa es ya mi casa.

 

Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas,

¡Dejadme subir!, dejadme

hasta las altas barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

 

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal,

herían la madrugada.

 

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está tu niña amarga?

 

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

 

Sobre el rostro del aljibe,

se mecía la gitana.

 

Verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos

en la puerta golpeaban.

 

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DALÍ Y EL SURREALÍSMO

 

La crítica más dura, pero más acertada, al Romancero gitano vino en forma de carta, de mi amigo Salvador Dalí. Con esa forma suya de escribir, mezclando el catalán con el castellano y sin ceñirse a norma ortográfica alguna, me decía:

         Me parece lo mejor del libro lo último, martirio de Santa Olalla, pedazos de incesto... Lo  peor me parece lo de aquel senyor que se la llevo al río...Tu poesía actual cae de lleno  dentro de lo tradicional...Tu poesía está ligada de piez i brazos a la poesía vieja...          

Federiquito, te quiero por lo que tu libro revela que eres, que es todo el rebes de la realidad que los putrefactos han forjado de ti. Adios creo en tu inspiración, en tu sudor, en tu fatalidad astronomica... El surrealismo es uno de los medios de Evasión. Esa Evasion es lo importante”.

¡Claro que mi libro no lo habían entendido los “putrefactos”! Ellos veían en mí y en mi libro al gitano tierno, moreno, decorativo y, por tanto, irreal. No querían darse cuenta que yo hablaba de los perseguidos, de la represión, de la libertad, de toda la pena que contiene Andalucía y de los anhelos del pueblo andaluz.

Mi poesía empezaba a tender por otros caminos, más agudos, más personales. El señor Sigmund Freud y su sicoanálisis reventó las formas de la poesía consciente. ¡Nació el surrealismo!  Y comencé mi “nueva manera espiritualista”, intentando expresar “emoción pura descarnada..., pero, ¡ojo! ¡ojo!, con una tremenda lógica poética”. No era exactamente surrealismo, puesto que la “conciencia más clara los iluminaba” Siguiendo estas ideas escribí dos obras teatrales: El público, sobre el teatro y el amor, y Así que pasen cinco años que, con la misma atmósfera y estilo, trata el tema del tiempo y la muerte. Vosotros habréis oído alguna vez un trocito de esta obra.

 

 

 

 

 

LA LEYENDA DEL TIEMPO

 

El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero.

Nadie puede abrir semillas

en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño

hundido hasta los cabellos.

Ayer y mañana comen

oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,

abrazados sueño y tiempo,

cruza el gemido del niño,

la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!

¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros

en la llanura del tiempo,

el tiempo le hace creer

que nace en aquel momento.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

 

 

 

 

 

 

EL POETA EN NUEVA YORK

 

Margarita Xirgu, amiga y la más grande de las actrices, representó en Granada mi Mariana Pineda. Un éxito grandioso, ¡y en mi tierra! Nos hicieron un homenaje fantástico que a mí me produjo mucho pudor. También en mi pueblo, a las dos semanas, organizó el ayuntamiento un multitudinario banquete. Mi familia, mis amigos y paisanos... ¡una gran alegría! Mas, a pesar de todo, en esa época yo sostenía “un duelo a muerte con mi corazón y con la poesía.

Por eso en junio de ese mismo año de 1929, animado por mi padre y junto al admirado profesor don Fernando de los Ríos, marché de viaje a los Estados Unidos de Norteamérica. ¡“Nueva York es alegrísimo y acogedor,... la ciudad más atrevida y moderna del mundo”!, pero yo seguía triste aún por el recuerdo de las traiciones que dejé en España:

[...]

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,

quiero mi libertad, mi amor humano

en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.

¡Mi amor humano!

[...]

Quiero llorar porque me da la gana

como lloran los niños del último banco,

porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,

pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.


   Nueve meses pasé en aquellas tierras. Intenté aprender inglés, lo juro. Vano intento. Sólo llegué a conocer unas cuantas palabras, pero las pronunciaba con mi acento de andaluz y nadie me entendía. Así que me hacía querer tocando el piano y cantando canciones españolas: ¡cuántas buenas gentes, españoles y americanos, me acogieron y mimaron!. Especialmente emocionante fue la llegada de Ignacio Sánchez Mejía, el torero-escritor, y su amante Encarnación López 'La Argentinita'. Con ella pude preparar las canciones populares españolas que más tarde grabamos en Argentina.

Pero también conocí la crueldad social del trato de los poderosos blancos hacia los negros, “el espectáculo del dinero del mundo en todo en todo su esplendor, su desenfreno y su crueldad”, conocí el crac de la bolsa, con suicidios incluidos de gente expuesta “al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo”, la deshumanización, la injusticia. Por eso  son muchos los poemas de Poeta en Nueva York que rezuman asco, horror, muerte,... y piedad.

 

 

 

 

 

LA AURORA

 

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean en las aguas podridas.

 

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

 

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

 

Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraísos ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

 

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

 

 

 

 

CUBA

 

Antes de salir de aquel “Senegal con máquinas” y volver a España, pasé por La Habana invitado a dar algunas conferencias. “Habana es una maravilla...una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico”. “Y salen los negros con sus ritmos que yo descubro típicamente del gran pueblo andaluz, negritos sin drama que ponen los ojos en blanco y dicen: <<nosotros somos latinos>>”. El Romancero gitano era allí tan famoso como en España.

Dicté cinco conferencias en el Teatro Principal de la Comedia con un éxito tremendo. ¿Dónde, si no en Cuba, iban a apreciar mi arte y mi duende? Conocí a los grandes poetas cubanos. Estuve en Caibarién, Sagra, Santiago de Cuba, ... En Harlem escuche y gusté del jazz y en Cuba, sobre todo en Santiago, conocí los ritmos afrocubanos y entre ellos el son, ritmo sensual muy parecido a la rumba española. Aquello me inspiró el poema más alegre de Poeta en Nueva York:

 

 

 

 

 

 

 

SON DE NEGROS EN CUBA

 

Cuando llegue la luna llena

iré a Santiago de Cuba,

iré a Santiago,

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Cantarán los techos de palmera.

Iré a Santiago.

Cuando la palma quiere ser cigüeña,

iré a Santiago.

Y cuando quiere ser medusa el plátano,

Iré a Santiago

con la rubia cabeza de Fonseca.

Iré a Santiago.

Y con la rosa de Romeo y Julieta

iré a Santiago.

Mar de papel y plata de monedas

Iré a Santiago.

¡Oh bovino frescor de cañaveral!

¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!

¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!

Iré a Santiago.

¡Oh cintura caliente y gota de madera!

Iré a Santiago.

¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!

Iré a Santiago.

Siempre dije que yo iría a Santiago

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Brisa y alcohol en las ruedas,

iré a Santiago.

Mi coral en la tiniebla,

iré a Santiago.

El mar ahogado en la arena,

iré a Santiago,

calor blanco, fruta muerta,

iré a Santiago.

Iré a Santiago.

 

 

 

 

 

HOMOSEXUALIDAD

 

Sé que a algunos amigos no les gustó, pero mi viaje a Nueva York y mi paso por Cuba hicieron de mí un Federico nuevo, “totalmente masculino”, como decía Norma Brickell. ¿Qué esperaban? Mis amigos más sinceros sabían que odiaba la posibilidad de que nadie me señalara como “marica”. ¡Es verdad!: “sólo hombres he conocido; y sabed que el invertido, el marica, me da risa, me divierte con su prurito mujeril de lavar, planchar y coser, de pintarse y vestirse de faldas, de hablar con gestos y ademanes afeminados. ¡Pero no me gusta!

 

 

 

 

 

 

CANCIÓN DEL MARIQUITA

 

El mariquita se peina

en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen

en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza

los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,

surtidores y planetas.

 

El mariquita se adorna

con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña

de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba

rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,

cantan en las azoteas!

 

 

 

 

 

EL TEATRO

 

Desde la vuelta me afané en mi obra teatral. Mi amigo Rivas Cherif y Margarita Xirgu reponen La zapatera prodigiosa; se estrenó mi obra, entre humanos y títeres, Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita; por fin acabé El público e inicié otras obras que nunca pude concluir (como Comedia sin título). Estuve en Argentina: conferencias, teatro, el disco con la Argentinita...

Por fin llegó la república a España el 14 de abril de 1931. Mis mayores energías se las llevó La Barraca: un teatro universitario ambulante para acercar al pueblo las obras del teatro clásico español. En los pueblos pequeños el pregonero anunciaba nuestra llegada insistiendo en que era gratuito y sin pasar platillo alguno: ¡Nunca vi un público más atento y capaz de entender la verdad íntima de cada obra, aunque muchos fuesen analfabetos. Y así anduvimos, delante de catedrales, en la puerta de los ayuntamientos, con Lope de Vega, con Calderón, con Cervantes,... hasta 1936.

Antes de eso pude terminar y estrenar Bodas de sangre (sobre un hecho sucedido en Níjar, Almería) y Yerma (tragedia de la mujer estéril y de las ansias de amor pleno); La casa de Bernarda Alba la terminé de escribir el 19 de junio de 1936, en Madrid. Todavía en ese mes participé en algún acto de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, a la que pertenecía.

 

 

 

 

 

PRESENTIMIENTOS

 

El 9 de julio mi amigo Fernando de los Ríos me avisa de que el fascismo tomaba cuerpo; el 11 de julio en casa de Pablo Neruda lo decido: “¡Me voy a Granada!”. Todos me intentan convencer para que me quede en Madrid, donde estaré más seguro, o para que me vaya al extranjero, pero no a Granada. En cambio yo quería ir a mi Granada. ¿Pero por qué sentía miedo? Siempre lo dije. “¡Yo nunca seré político. Soy revolucionario, porque no hay verdaderos poetas que no sean revolucionarios. Pero político, no lo seré nunca!”.

El 18 de julio, día de San Federico, se sublevaron los militares desde Canarias y Marruecos.  Los trabajadores, sin armas, pudieron defender el Albaicín durante sólo tres días. El 6 de agosto el capitán Manuel Rojas acudió a la Huerta a por mí: no me encontró. Pero el 10 de agosto ya estaba bajo arresto domiciliario.

Decidí ir a la casa familiar de mi amigo y poeta Luis Rosales. Eran falangistas y pensé que  me podrían proteger. (PAUSA) No pudieron a su pesar. La tarde del 16 de agosto, el mismo día en que fusilaron a mi cuñado Manuel, me detuvieron aprovechando que allí sólo estaba la madre, la pobre se opuso con todas sus fuerzas.

Angelina, la niñera de los hijos de mi hermana Concha me llevó comida el 17 y el 18 de agosto, casi no pude probarla. Cuando llegó el día 19, yo ya no estaba en el Gobierno Civil, en manos de José Valdés Guzmán, el Gobernador, el responsable último de todo. De allí me sacaron esposado junto a un maestro, Dióscoro Galindo. Era la madrugada del 18 al 19 de agosto.

Nos llevaron a Víznar, en la sierra de Alfacar. En un pinar habían abierto fosas comunes y diariamente llegaban coches cargados de “rojos” y “masones” como nosotros que volvían vacíos. Hasta el momento de nuestro asesinato, pasamos las horas en una habitación del lugar conocido como La Colonia, el maestro vallisoletano, dos banderilleros granaínos anarquistas y yo.

Nos “despacharon” el 19 de agosto, al pie de un olivo en el Barranco de Viznar. Tuve que decirles “todavía estoy vivo” para que me dieran un segundo tiro de gracia... ¡de gracia!

 

 

 

 

 

EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA

  1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—

... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
 

2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.

—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
 


Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.
Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!